Hemos entrado en el ansiado, no por todos, 2010. Un año en el que los sueños pueden cumplirse aunque también es el año del gran CAMBIO. Entramos en la era de la TDT. Las audiencias se desploman y la fábrica de la carroña se niega a bajarse del carro de putrefacto. La gala final del año fue un aperitivo de lo que nos espera en este número par. TVE venció transportándonos al pasado, usando la melancolía como arma infalible. Pero la gala previa con Anne no tuvo nada que ver con la de Telecinco. No soy una defensora de la vasca pero es cierto que le da millones de vueltas, en lo que a clase se refiere, a la princesa de la vulgaridad, a Belén Esteban. Siento una pena profunda por ese payaso televisivo. A la Esteban le quedan los días contados, y cuando se termine su racha, cuando Vasile se de cuenta de que la mejor apuesta es la buena televisión, sobre todo con tanta competencia, se acabará la era Belén y se acabará su reinado. No se vislumbra un buen futuro para la reina de las amas de casa. Será el típico juguete roto irreparable, aunque prefiero no seguir plasmando mis pensamiento sobre esa mujer que ha vendido su vida y su cuerpo. Ahora simplemente me da pena.En abril veremos que pasa con la televisión, con nuestros sueldos y con nuestra continuidad... Quizás los malos presagios cambien y tengamos estabilidad y posibilidades de vivir de otra manera. Hasta entonces, disfrutemos de la vida y de este nuevo año. Feliz 2010 compañeros.


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